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Cuidando la salud de los más vulnerables
Por CYNTHIA ROLDAN
La Palma

Viernes, 17 de abril del 2009

El Dr. Horacio Valladares no quiere tener su propia práctica, no por falta de experiencia o por dinero, sino porque teme irse a la ruina.

"A veces yo veo a la gente que no tiene seguro médico", dijo Valladares. "Yo creo que (con su propia práctica), yo terminaría dándole el dinero para la medicina."

Valladares, nacido en Cuba de padres españoles, trabaja para el Centro Médico Latino Americano en West Palm Beach. El centro ofrece atención médica a hispanos que no tienen seguro médico, desde odontología hasta medicina general. En el centro, Valladares ofrece consultas a pacientes de medicina general y cirugías menores.

"Yo siento que estoy ayudando a la comunidad con escasos recursos", dijo Valladares. "Pienso que uno siente como una doble satisfacción poder ayudar a gente que realmente necesita ayuda".

Valladares recuerda a un señor que entró sudando y pálido a un centro en Pompano Beach, donde trabajaba esporádicamente. Valladares le dijo que fuera para el hospital, y continuó con sus consultas. De repente, Valladares sintió un ruido enorme. El hombre se había caído, y él le tuvo que dar masajes cardiacos y respiración artificial hasta que los paramédicos llegaran. El hombre se salvó.

"Fue un hombre que desde que yo lo vi dije, '¿por qué tu me viniste a verme a mí y no fuiste directo al hospital?' " dijo Valladares. "Lo vi así, blanco, pálido, un hombre de 70 y pico de años y con un dolor que el menor ejercicio físico le producía ".

Antes de que se le diera la oportunidad de trabajar para el centro, Valladares, de 59 años, ejerció medicina en Cuba, España y Africa. Se graduó de la Universidad de Camagüey e hizo su especialidad en el Hospital Materno de Camagüey. Luego, Valladares viajó a Wollo, Africa con cuatro médicos y cinco enfermeros cubanos en 1978. Abandonó Africa a finales de 1980, durante el descubrimiento del sida.

"Yo toqué en Africa la miseria con mis manos", dijo Valladares. "Ahí tu notas que cualquier cosita que tú hagas es mucho para la gente".

"Nunca me arrepentí de haber ido", dijo Valladares. "La tierra craqueada, la gente se moría de sed, el río seco —fue una experiencia como médico maravillosa".

Al volver de Africa a Cuba, Valladares dice que se vio aislado de la comunidad cubana por no estar de acuerdo con el comunismo. Aunque dice que nadie lo seguía políticamente, le molestaba no poder expresarse.

"Uno en Cuba tiene que ir para donde se muevan las olas para no buscarse problemas", dijo Valladares. "En Cuba todo, en una palabra, está contaminado con la política".

Disgustado con el gobierno y la política, Valladares comenzó los trámites para irse de Cuba a España.

Después de dos años, Valladares y su familia embarcaron hacia España en 1989. Después de cuatro años decidió mudarse a Humacao, Puerto Rico. Valladares llegó a West Palm Beach en 1993.

"Uno siempre tiene ese sueño de ir a los Estados Unidos", dijo Valladares.

Pero el camino en busca del sueño americano no se le hizo fácil por la barrera del idioma.

"El inglés mío era macarrónico —malísimo", dijo Valladares. "Llega el momento en el que uno, aunque no pueda alcanzar ciertas cosas, le gusta luchar por ellas. Uno puede decir, 'por lo menos estuve en el campo de la batalla, estuve luchando, y no lo logré' ".

Uno de sus trabajos en West Palm Beach fue como conductor de carretilla elevadora en una azucarera en Belle Glade en 1993 y 1994.

En el 1995, Valladares consiguió trabajar en Delray Beach Health Center, parte del Departamento de Salud del Condado de Palm Beach, como representante de servicios de salud con pacientes de tuberculosis, pero aún no ejercía como médico.

De ahí, trabajó en Riviera Beach Health Center, bajo la supervisión de médicos para finalmente, en el 2004, revalidar su título de médico en EE.UU.

Valladares continúa en Riviera Beach tres veces a la semana. Allí le da seguimiento a mujeres embarazadas que tienen VIH/sida, y se concentra en evitar que el virus se propague al niño. Valladares cuenta que a veces se siente agobiado con tanto trabajo, pero que su esposa Adriana siempre le recuerda que no debe quejarse.

"Dicen que detrás de un hombre hay una gran mujer. Yo creo que esa era ella", dijo.

Valladares piensa ejercer medicina unos años más.

"A veces yo veo a la gente que tiene tan poco, que a veces yo digo, 'esta (es) la gente que necesita de mí", dijo.

Para más información llame al (561) 642-6309.

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