El 31 de marzo, Hospice of Palm Beach County honró con una ceremonia de gratitud en el Kravis Center a su grupo de casi 500 voluntarios que dieron unas 50.000 horas de su tiempo en el 2008.
En esa ceremonia, reconocieron a un grupo de 15 personas que han sido voluntarias del hospicio por más de 15 años.
Allí se encontraba Alberto Pérez-Stable, cubano de La Habana, quien el 22 de junio cumplirá 90 años.
"A mi edad, me siento lúcido y con salud. Tengo mis problemitas, pero estoy física y mentalmente activo", agregando "mi amor por la vida es mi fuente de energía".
Según él, su trabajo como voluntario en el hospicio comenzó en 1993. Buscando trabajo, vio el aviso del hospicio que necesitaba voluntarios.
"Mi primer paciente en el hospicio fue en septiembre u octubre de 1993", recuerda.
Responder al aviso no tuvo razones intrincadas.
"Siempre amé la vida, en Cuba siempre ayudé mucho a los demás. Me gusta la gente", dijo.
De todas las actividades disponibles para elegir como voluntario, eligió pasar tiempo con los enfermos terminales.
"Amo tanto la vida, que si veo que alguien la va a perder quiero aliviarlos, hacer algo ... pero también sé que se necesita carácter para hacer esto".
Según él, lo más duro es tratar con aquellos pacientes que no hablan, "no hablan por el dolor o porque físicamente están impedidos".
"Me duele porque sé que no pueden expresarse", agregó.
Hay dos cosas que Pérez-Stable destaca de ser voluntario: la inmensa compasión de las enfermeras y de la organización; y que si bien él da mucho, sabe que recibe aún mucho más.
"Voy con buena intención y sé que hago un bien, pero lo que recibo a cambio es un misterio espiritual", expresa.
Dice que ahora tiene un nuevo paciente en el hospicio de 101 años, y que además del hospicio visita a otro paciente en una residencia de ancianos en Boynton Beach hace ya 10 años todos los sábados.
"Se crea una relación con los pacientes ... y cuando uno de ellos se muere, es una pérdida, uno sufre", dijo.
Pérez-Stable dice que la función principal del voluntario es crear el espacio para escuchar al enfermo, sin forzar nada.
Según cuenta, ha tenido pacientes americanos y latinos. Si bien a veces el hospicio les ha dado de alta porque terminaban no siendo terminales, "yo los sigo yendo a ver a su casa".
"También, a veces lo que surge de ellos (los pacientes) es el miedo a la muerte, al más allá, y el voluntario tiene que estar preparado para escuchar y responder a eso", agregó.
Antes, Pérez-Stable iba al hospicio dos veces a la semana unas cuatro horas.
"Hoy, debido a la edad y a mi esposa, quien pasó a ser mi paciente principal, voy una vez a la semana por una o media hora".
Su esposa, Olga, de 82 años, también cubana, "tiene problemas de memoria y ha comenzado a tomar medicinas para funcionar mejor desde diciembre del 2007", dijo él.
Pérez-Stable formó una familia con ella. Tuvieron cuatro hijos y uno de ellos falleció en Halloween del año pasado debido "al cigarrillo y al uso excesivo de drogas para el dolor".
Pérez-Stable llegó a Miami luego de Bahía de Cochinos con destino a Nueva York en mayo de 1961. Tenía 42 años y un título de contador público, el cual nunca revalidó en EE.UU., aunque tomó cursos por correspondencia para estar al día.
"Llegué creyendo que mi misión como cubano era erradicar el comunismo, pero luego de un tiempo me puse a buscar trabajo".
Luego de un año en Nueva York trabajando como vendedor en Macy's, "el peor (vendedor) que hayan tenido", acota él, vivió cinco años en Idaho, y luego otros cinco en Los Angeles. De allí, en 1972, llegó a West Palm Beach donde por 20 años trabajó para True Cane Sugar Corporation.
"Luego, me retiraron de la compañía pero aún me ocupo, desde afuera, del flujo de efectivo mensual de la compañía", dijo.
Pérez-Stable también trabaja como contador por su cuenta con un par de clientes.
Aunque él haya dejado Cuba a los 42 años, dice que no extraña allá.
"Amo el lugar donde estoy, es que me gusta la vida", agregó.
En el 2008 el hospicio tuvo un promedio de 40 voluntarios cada día.
"Los que realmente se benefician del trabajo de nuestros voluntarios son los miles de pacientes, sus familias y aquellos en la comunidad que vienen a nosotros por ayuda. Es con el apoyo de los voluntarios que podemos llegar a nuestra meta y proveer el cuidado de más alta calidad que se pueda encontrar en cualquier parte", dijo Barbara Ivanko, directora de operaciones.
"Probablemente nunca deje de ser voluntario del hospicio, lo que hago es una obra de amor", dijo Pérez-Stable.
Para información sobre Hospice of Palm Beach County, llame al (561) 227-5146 o visite hpbc.com/espanol.