Friday, August 11, 2006
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Sus cuadros están llenos de color y motivos de la naturaleza, lo cual atribuye a su herencia latina y a su forma optimista de ver la vida.
"Me gustan los colores vivos. Soy puertorriqueño, y me gusta el color. No soy una persona triste, a la que guste rumiar. No tengo tiempo para eso. Tengo mejores cosas que hacer", dijo Héctor Manuel Cruz, de 51 años, que vive en Vero Beach, felizmente retirado y dedicado a su pintura, a su pareja y a su gran afición de cocinero.
Hace más de un año, Cruz se tuvo que someter a un bypass cuádruple, debido a un bloqueo cardíaco, que no ha logrado reducir su entusiasmo por la vida.
"Ahora no fumo, cuido la dieta, juego al tenis, duermo bien, y bebo un vaso de vino con la cena. Procuro vivir plenamente, y no tener miedo. El final siempre puede estar a la vuelta de la esquina, pero podría ser en dos años o en 10. Hay que pensar en cada día como si fuera el último".
Cruz dice que tiene todos los ingredientes para ser feliz, y que disfruta realizando su vocación de pintor, ahora que tiene los medios y el tiempo para hacerlo.
"Comencé a pintar cuando iba a high school, pero no pude retomarlo hasta después de haber cumplido los 40 y muchos, por falta de tiempo. Empecé pintando con acrílicos cuando vivía en West Palm Beach. Luego me mudé a New Hope, Pensilvania, y tomé clases de acuarela con Micheline Gauron, que es una de las mejores acuarelistas que conozco. Todavía guardo mi primera acuarela".
Cruz volvió a la Florida por el buen clima, y se estableció en Vero Beach, debido a que el hijo de su pareja estudiaba aviación allí. Hace tres años, retomó clases de pintura con Carol De Groot Mann, y desde entonces, pinta al óleo.
"Sobre todo pinto frutas, plantas y flores. Quiero diferenciarme de otros artistas de aquí, que pintan barcos y palmeras. Pero es difícil romper el hielo acá, porque el ambiente artístico es muy conservador. Yo pertenezco al Vero Beach Art Club, que es una organización maravillosa, pero tiene demasiadas reglas. Por ejemplo, si expones con ellos, no puedes mostrar cuerpos desnudos".
Según Cruz, tarda varias semanas en pintar un cuadro, y ha vendido 16 a lo largo de la Costa del Tesoro.
"Los primeros tres cuadros los vendí durante una fiesta de navidad hace tres años", recordó.
Cruz pinta también por encargo, tanto retratos de personas como de animales.
"Pinté un gran hibisco por encargo, y luego pinté al óleo un retrato de los perritos de una cliente. Cuando hago retratos, me inspiro sobre una foto o el original, pero luego añado elementos de mi imaginación".
Cruz reconoce que a partir de ahora quiere pintar lo que le apetezca y venderlo, no quiere ceñirse a un estilo ni a un tema en particular, y también desea salirse de la seguridad de las exposiciones colectivas en las que ha participado hasta ahora.
"Quiero hacer una exposición monográfica de mi obra, en alguna galería o centro de la Costa del Tesoro. Estoy abierto a ofertas, aunque primero quiero establecerme mejor en el gremio".
La pasión que Cruz muestra para su labor también la siente por sus raíces, "aunque hay muchas personas que no saben dónde está Puerto Rico. Me preguntan si necesito visado para entrar en los Estados Unidos".
Su forma de homenajear sus raíces y a su madre, Justina, que falleció cuando Cruz tenía 9 años, es a través de la preparación de platos típicos puertorriqueños.
"Recuerdo a mamá cocinando. Yo miraba y preguntaba. Ahora sé cocinar arroz blanco con habichuelas rojas, bacalaitos fritos, chuletas, tostones, y mofongo, que es una mezcla de plátanos, yuca y ají. Uso muchas especias, como cilantro, ajo y cebolla. No permito que nadie entre en la cocina cuando yo guiso", dijo Cruz.
Cruz comparte que el factor que fomentó su creatividad de niño era que no había acceso a la televisión, no existía la Internet, ni juguetes electrónicos.
"Fabricábamos nuestros propios juguetes, y teníamos un estilo de vida saludable y limpio".
Cruz llegó a los Estados Unidos en 1966 a los 11 años, para vivir con su hermano George, y fue a la escuela pública en Nueva York. Aprendió inglés escuchando la radio y viendo la televisión. Ahora que practica poco el español, sugiere que "todo el mundo debería aprender inglés pero sin olvidar su idioma de origen".
Cansado de mudarse con diferentes familiares en poco tiempo, Cruz, a los 18 años, decidió alistarse en la marina norteamericana.
"Estuve en la Séptima Flota, estacionado en Europa, y viajé a España, Grecia, el sur de Francia, y al año y medio volví a terminar mi servicio militar en los Estados Unidos".
Cruz hizo trabajos diversos como empleado de la firma Bonwitt Teller, y fue acomodador de la Academy of Music en Filadelfia.
"Fue uno de mis mejores trabajos. Pude conocer músicos, cantantes y gente muy interesante. A veces, entraba antes de mi hora, para ver ensayar a Pavarotti".
Cruz llegó a la Florida a los 25 años, porque le gustaba el clima, y trabajó en el Riverside Hotel de Fort Lauderdale, hasta que pudo retirarse y dedicarse a la pintura.
"Hay que seguir los sueños de uno. Hay que aprender, y para eso, hacer preguntas. Nunca hay que ponerse barreras. Por mucha oposición que uno se encuentre en la vida, hay que superarla, y no rendirse jamás. Al final, tú sales ganando y tus detractores son los perdedores".
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