Friday, September 22, 2006
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Víctor Rodríguez es una de las pocas personas que tiene la fortuna de poder combinar su trabajo diario con el voluntariado.
Rodríguez, de 63 años, oriundo de Aguadilla, Puerto Rico, lo logra como el supervisor de la unidad de reembolso de asistencia pública del Martin Memorial Hospital de Stuart.
Cuando llegó a Port St. Lucie en 1990 con su familia, Rodríguez comenzó trabajando en el departamento de salud y servicios de rehabilitación (HRS por sus siglas en inglés), que hoy se conoce como el departamento de niños y familias (DCF por sus siglas en inglés).
"Empecé como especialista de asistencia pública y fui ascendido a supervisor de la unidad de adiestramiento. Por el conocimiento, los contactos y la experiencia adquirida en los diferentes programas de asistencia, fui contratado (para) trabajar con el hospital Martin Memorial en Stuart en 1995", dijo Rodríguez.
Aprendió inglés de niño en Puerto Rico, y dice que lo hablaba porque su madre, Lilia, era maestra de inglés en la Base Ramey de Aguadilla.
Rodríguez fue reclutado para el servicio militar obligatorio y sirvió en Vietnam como operador de radio y teletipo. Estando en contacto permanente con el idioma, perfeccionó su dominio del inglés.
Según Rodríguez, la unidad del hospital en la que trabaja es "una unidad muy pequeña que realiza un trabajo gigante. Nuestra misión es proveer alternativas a los pacientes que no tienen seguro de salud para pagar sus cuentas de hospitalización y en la medida que sea posible, colocarlos en algún plan de salud que les permita conseguir sus tratamientos médicos y medicinas en el futuro. Contamos con dos trabajadores bilingües que realizan una labor excelente".
A diario, Rodríguez y su equipo hacen un censo de pacientes no asegurados a primera hora, luego los visitan en sus respectivas habitaciones y si el paciente accede, le hacen una serie de preguntas que indican si es potencialmente elegible para los programas de ayuda médica financiera que ofrecen el estado, el condado, la ciudad, y el gobierno federal.
"Así coordinamos nuestros esfuerzos con Medicaid, Medicare, County Welfare, Seguro Social, Victims of Crime Compensation, y otros. Si están de acuerdo en solicitar la ayuda, les asistimos con la solicitud y la búsqueda de información requerida por las instituciones que prestan dicha ayuda. Esto implica visitas a sus hogares, cuando son dados de alta, y en muchos casos, transportación a las citas o gestiones con las diferentes agencias para dar seguimiento. Muchos pacientes no tienen acceso a medios electrónicos o desconocen el idioma, y a éstos les preparamos y sometemos las solicitudes online, como requiere el DCF".
Rodríguez afirma que le gusta trabajar para un hospital comunitario sin fines de lucro.
"(El hospital) se nutre del pago por servicios y de donativos y los reinvierte en servicios. Así tenemos un Centro de Cáncer que compara con los mejores de la nación. Mi esposa, Doris, es paciente de cáncer y hasta ahora ella no ha tenido que moverse de aquí, pues, está recibiendo el tratamiento más avanzado y de la mejor calidad. También se abrió un Centro del Corazón recientemente. Son tantas las personas que pueden beneficiarse, que es un orgullo ser parte de ello, sobre todo si incluimos a los más necesitados. Y ese es mi trabajo", señaló.
En el caso de una emergencia médica, Rodríguez recomienda visitar la sala de emergencia, sin temor alguno, y con la predisposición de facilitar la información necesaria para que se puedan tramitar adecuadamente las ayudas económicas para las que se pueden ser elegible.
"Hay personas que, siendo elegibles para asistencia pública, no cooperan. Piensan que no tienen nada que perder, luego, no tienen que pagar. Es decir, que si no tienen propiedades o dinero no se esfuerzan en cumplir con sus obligaciones. Esta actitud hace difícil, si no imposible, nuestro trabajo. Si queremos que los servicios estén disponibles, tenemos que ser responsables y dar seguimiento a nuestra solicitud de asistencia pública. Cooperar no cuesta nada. Después de todo, no sabemos cuando volveremos a necesitar los servicios del hospital", explicó Rodríguez.
Rodríguez dice que la hospitalidad y la generosidad le ayudan a tratar con el público a diario. Cuenta que se crió en la casa de su abuelo en Puerto Rico, el Rev. Remigio Pérez Ruiz, ministro de la Iglesia Presbiteriana, quien le inculcó estos valores.
"Y eso, en tiempos cuando la Iglesia de San Sebastián no se sostenía sola, sino que era una Misión patrocinada por una iglesia americana. Aún así, nunca se iban con las manos vacías. Mi abuelo era una persona de convicciones y muy ecuménico, así, cuando tenía un ratito libre, jugaba dominó con el entonces Padre Aponte Martínez, el primer puertorriqueño que fue Cardenal de la Iglesia Católica Romana".
Rodríguez desea retirarse en el futuro, pero continuar trabajando a su ritmo, y posiblemente abrir una pequeña oficina en un área rural, para seguir ayudando a los demás hispanos a obtener las ayudas financieras que necesitan para recibir cuidados médicos.
"Es un sueño que tenemos mi esposa y yo. Hay tanto por hacer. En lo personal, quiero seguir disfrutando de mis hijos y nietos, y compartir con ellos", concluyó.