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VIDA

Algo poético para ella en su día

Friday, May 09, 2008

En este Día de la Madre, si es que no tuvo tiempo de comprarle un regalo, regálele uno de estos poemas.


Habrá poesía

No digáis que, agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.


Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!


Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a dó camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!


Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!


Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!


Gustavo Adolfo Bécquer,

(1836 - 1870), España



A una Rosa

Rosa divina, que en gentil cultura

Eres con tu fragante sutileza

Magisterio purpúreo en la belleza,

Enseñanza nevada a la hermosura.


Amago de la humana arquitectura,

Ejemplo de la vana gentileza,

En cuyo ser unió naturaleza

La cuna alegre y triste sepultura.


¡Cuán altiva en tu pompa, presumida

soberbia, el riesgo de morir desdeñas,

y luego desmayada y encogida.


De tu caduco ser das mustias señas!

Con que con docta muerte y necia vida,

Viviendo engañas y muriendo enseñas.


Sor Juana Inés de La Cruz

(1651-1695), México



A Adriana

Mientras que acaso piensa tu tristeza

en la patria distante y sientes frío

al mirar donde estás, y el desvarío

de la fiebre conmueve tu cabeza,


yo soñando en tu amor y en tu belleza,

amor jamás por mi desgracia mío

de la profundidad de mi alma, envío

a la pena un saludo de terneza.


Si cuando va mi pensamiento errante

a buscarte en parejas de otro mundo

con la nostalgia se encontrara a solas


sobre las aguas de la mar gigante

entre el cielo purísimo y profundo

y el vaivén infinito de las olas.


José Asunción Silva,

(1865-1896), Colombia



Serenata

Al bien que idolatro busco

desvelado noche y día,

y la esperanza me lleva

tras su imagen fugitiva,

prometiéndome engañosa

felicidades y dichas:

Angel tutelar que guardas

su feliz sueño, decidla

las amorosas endechas

lo que mi guitarra suspira.


Sobre el universo en calma

reina la noche sombría,

y las estrellas flamantes

en el firmamento brillan:

todo reposa en la tierra

sólo vela el alma mía.

Angel tutelar que guardas

su feliz sueño, decidla,

las amorosas endechas

que mi guitarra suspira.


Como el ciervo enamorado

busca la cierva querida,

que de sus halagos huye

desapiadada y esquiva;

así yo corro afanoso

en pos del bien de mi vida.

Angel tutelar que guardas

su feliz sueño, decidla,

las amorosas endechas.


El contento me robaste

con tu encantadora vista,

y sin quererlo te hiciste

de un inocente homicida:

vuélvele la paz al menos

con tu halagüeña sonrisa.

Angel tutelar que guardas

su feliz sueño, decidla,

las amorosas endechas

que mi guitarra suspira.


Esteban Echeverría,

(1805 - 1851), Argentina



Cultivo una Rosa Blanca

Cultivo una rosa blanca

En Junio como en Enero,

Para el amigo sincero,

Que me da su mano franca.


Y para el cruel que me arranca

El corazón con que vivo,

Cardo ni ortiga cultivo

cultivo una rosa blanca.


José Martí,

(1853-1895), Cuba


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