Friday, April 25, 2008
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CIUDAD DEL VATICANO — En su viaje a los Estados Unidos Benedicto XVI no escatimó esfuerzos para limpiar la imagen de la Iglesia local tras el escándalo de los sacerdotes pederastas. Ahora la pregunta es si con sus gestos y palabras ha conseguido sanar las heridas de los católicos estadounidenses.
El Papa llegó el lunes a Roma tras un viaje de seis días a EE.UU., en el que visitó Washington y Nueva York, donde se esperaba que el tema de la pederastia fuese abordado durante alguna de las ceremonias, aunque de manera discretamente velada. Sin embargo, desde que se subió al avión, el Papa Benedicto XVI demostró que una de sus prioridades en ese país era limpiar la imagen de la Iglesia, rea de ocultar durante años los casos del escándalo de pederastia, escándalo que ha alejado a muchos fieles católicos de la Iglesia y causado profundas divisiones entre el clero del país.
El Papa no evitó la pregunta de los periodistas en el vuelo que le conducía a Washington y declaró sentir "profunda vergüenza" por los casos de sacerdotes pederastas "que causaron tanto sufrimiento en la sociedad católica estadounidense".
A los miembros de la Iglesia les instó a comenzar un "tiempo de purificación" y no dudó en admitir que el escándalo "fue pésimamente gestionado".
Además, el Papa sorprendió a muchos cuando, fuera de la agenda oficial, se reunió en Washington con cinco hombres y mujeres que durante su niñez fueron víctimas de sacerdotes pederastas, y escuchó sus historias y rezó con ellos.
Además ha costado cerca de 2.000 millones de dólares en indemnizaciones a la Iglesia de los Estados Unidos.
"Con este viaje, Benedicto XVI ha alentado a la Iglesia americana, que ha vivido periodos difíciles tras los escándalos de pederastia", confirmó el lunes el portavoz del Papa, Federico Lombardi, haciendo un balance de la visita, un viaje en el que "el Papa ha empujado con confianza a la Iglesia de Estados Unidos hacia el futuro, superando todo este dolor que ha pasado y haciendo de una experiencia triste y dolorosa del pecado un punto de salida", añadió Lombardi.
La respuesta de los fieles católicos en este viaje del Pontífice fue masiva y calurosa, en pocas partes del mundo se ha visto tanto entusiasmo a la hora de seguir al Papa en las ceremonias o a su paso por la calle, gracias en parte a la numerosa comunidad hispana.
Pero la visita del Papa no ha quedado exenta de protestas pues algunos centenares de personas se manifestaron junto a la Casa Blanca contra la Iglesia por los casos de pederastia, el día que Benedicto XVI se reunió con el Presidente George W. Bush.
En la 5ta. Avenida de Nueva York, mientras se esperaba el paso del Papa, algunos grupos de personas mostraron carteles contra Joseph Ratzinger y la Iglesia Católica por el escándalo de la pederastia. Para la principal asociación de víctimas en EE.UU., la Red de Supervivientes de Personas Víctimas de Abusos por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés), la visita del Papa se ha quedado sólo en "palabras", como explicaron a la prensa.
La SNAP ha pedido en estos días mayor protección y garantías jurídicas en los casos de los curas pederastas, entre ellas el aumento de los años de prescripción que actualmente son 10.
El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal William Levada, había anunciado en una entrevista en el diario The New York Times la posibilidad de cambios en las leyes canónicas para tratar los casos de curas pederastas.
Sin embargo, estos cambios no llegarán porque el portavoz del Vaticano aseguró que fue "mal entendido" por el diario y que los cambios jurídicos ya se realizaron y no se está estudiando modificación alguna del Código de Derecho Canónico.
El Papa dejó claro durante su viaje su intención: "Ningún pederasta podrá ser sacerdote" y ha llegado el tiempo de reconciliación. Empero, está por verse si su gira pastoral de seis días imprimirá una huella perdurable en los Estados Unidos.
"Todo el mundo se pregunta si el viaje va a tener un resultado significativo respecto a los grandes problemas que enfrenta el catolicismo estadounidense", dijo Russell Shaw, un escritor católico y ex vocero de la conferencia episcopal de los Estados Unidos.