Formación de los fieles es clave para defender la fe


Friday, May 02, 2008

Llegando al aeropuerto Ronald Reagan Washington National Airport para la visita del Santo Padre, tenía que esperar a unos amigos que llegarían una hora más tarde. Decidí almorzar en un restaurante que parecía atractivo. Como las mesas estaban pegadas, me senté muy cerca de otro señor.

La conversación con este hombre comenzó con palabras que no pintan bien cuando un sacerdote está viajando vestido de cura: "Yo crecí como católico".

Me contó como había ido a misa toda su juventud, y que no fue hasta que se unió a un grupo de estudio bíblico en la universidad que había escuchando el evangelio por primera vez. Me di cuenta por dónde iba la cosa, pero fue aun peor de lo que me imaginaba.

Le pregunté que estaba oyendo todo el tiempo que iba a misa, donde las lecturas y la homilía y tantos elementos de la misa vienen tomados directamente de la Biblia. Sin contestarme directamente siguió con una serie de ataques sobre lo que él cree que la Iglesia Católica cree: que creemos que hay que seguir matando a Jesús, que adoramos a la Virgen María, y otras cosas parecidas.

Le comenté que lo triste era que tanta gente que abandona la Iglesia Católica no sabe lo que está abandonando, así que de verdad cree que está oyendo el evangelio por primera vez, cuando era lo que le ofrecía la Iglesia desde siempre. Yo estaba tratando de enfatizar la importancia de la formación de los fieles, para poder responder a los que atacan la fe, pero también para poder vivirla con confianza y alegría.

El prosiguió diciendo que lo que yo decía le recordaba a los cultos, en los cuales sólo los más informados entienden la religión, y los demás ignorantes tienen el cerebro lavado.

Ya aquí al fin me di cuenta que este hombre lo único que le interesaba era atacar a la Iglesia Católica y a todo lo que representaba el cuello que yo llevaba puesto (y el Papa que acaba de llegar a nuestra capital), ya que ni cristianos creía que somos, sino un culto semipagano. Le pregunté que cómo sabía él que la Biblia es la palabra de Dios. La misma Biblia, en la primera carta de San Pablo a Timoteo (3, 15), afirma que "casa de Dios... es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamente de la verdad". Lo que este pasaje afirma sobre la Iglesia es esencial para entender cómo la Iglesia Católica se ve a sí misma, y entiende su tarea de proclamar y transmitir la única Palabra de Dios.

Además, él tuvo que admitir que fueron los grandes Concilios de la Iglesia los que reconocieron la autoridad de los libros sagrados. Esos Concilios fueron Concilios de una Iglesia que creía firmemente en los sacramentos, sobre todo la Eucaristía; fueron de una Iglesia de obispos, sacerdotes y diáconos; fueron de una Iglesia que veneraba (no adoraba) a la Virgen María y los santos. La consecuencia natural, que no quiso reconocer mi interlocutor, es que si dependemos de los grandes Concilios de la Iglesia para reconocer el canon de la Biblia, entonces debemos aceptar todo lo demás que enseñan.

En la primera carta de San Pedro nos dice el Príncipe de los Apóstoles que debemos estar "siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les pida razón de su esperanza. Pero háganlo con dulzura y respeto" (3, 15-16).

En el momento en el cual me encontré con este señor que creció como católico, yo estaba más bien dispuesto a almorzar tranquilamente y prepararme para un bello encuentro con el Sucesor de Pedro.

Traté de darle "razón de mi esperanza". No sé si fui capaz de hacerlo "con dulzura y respeto", cuando me sentía atacado. Por lo menos pude terminar con palabras de bendición.

A veces me preguntan mis hermanos sacerdotes por qué viajo vestido de sacerdote, ya que se presta a tales situaciones. Sin embargo, aunque haya sido algo desagradable este encuentro, y me haya dado un poco de indigestión, y mis respuestas no hayan sido del todo las más adecuadas, estaba cumpliendo con mi misión, la de todo cristiano católico y la de todo sacerdote, de "dar razón de nuestra esperanza".

Que todo católico aprenda más de su fe, para que, sabiendo que en la Iglesia Católica ha escuchado el Evangelio de Cristo, pueda compartirlo con los demás.

El Rev. Padre Alfredo I. Hernández es párroco de la iglesia Católica Santa Juliana. Su correo electrónico es fralfredo@stjulianacatholicchurch.com.

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