Una mujer sin igual comparte su vida con la energía de la poesía y mucho optimismo.
La Palma
Friday, March 02, 2007
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WEST PALM BEACH — A María Suárez se le iluminan los ojos cuando trata de recordar los versos que hace apenas cinco años compuso y se los dedicó a su hijo mayor, Luis Alberto.
Sentada en el sofá en la sala de la casa que comparte con su hijo Felipe y su nuera Olga, esta anciana con voz firme pero pausada dice: "Siguiendo la costumbre establecida, Alberto en mis rodillas tomó asiento".
El hecho de que ella pueda aún recordar y recitar este verso es, según su familia, algo increíble debido a su edad. Suárez cumplió 100 años el 9 de febrero, y hasta días después de festejar su cumpleaños, le recitó unos versos a uno de sus 11 nietos mientras iba de paseo en el auto.
"El único impedimento es que no oye bien, y no quiere usar aparatos porque dice que le molestan", dijo su nieta, Olga Soto.
Para festejar el acontecimiento, su familia la llenó de regalos y halagos que ella disfrutó.
"Le regalaron prendas de vestir, perfumes y hasta un rosario de oro", agregó Soto.
A pesar de sus 100 años, Suárez goza de buena salud, la cual atribuye al estado mental que siempre ha conservado y a vivir la vida con optimismo.
Aunque nació en un área rural y perdió a sus padres a temprana edad, Soto dice que su abuela siempre mostró un carácter firme, recio, y una independencia que no iba con las costumbres de las mujeres de la época de principios del siglo pasado.
Su juventud se desarrolló en un ambiente donde la educación superior no era cosa que las mujeres de aquella época obtuvieran, pero para Suárez no hubo imposibles a pesar de que su educación escolar no alcanzó grados universitarios.
Soto dice que Suárez es una persona instruida, con conocimientos que adquirió leyendo constantemente. Esto lo refleja en los poemas que ha escrito durante su vida, poesías con un profundo mensaje humano que se aplican a todas las generaciones.
A medida que fue desarrollando el arte literario, eso le sirvió a Suárez para ganarse la vida escribiendo cartas a personas que le encomendaban contestar o escribir misivas, ya fuesen de amor o de negocios.
"Ella se adelantó a su época. No eran las costumbres de la sociedad de aquel entonces. Tuvo que luchar contra todo", dijo Soto.
Pero ese espíritu indomable también le trajo dificultades. Se casó por primera vez, y de esa unión nacieron tres hijos, uno de los cuales falleció durante la infancia. Suárez se quedó viuda, y se dedicó a criar a sus hijos.
Aunque no tenía intenciones de volver a contraer nupcias, conoció a Felipe Santiago Suárez, quien le propuso matrimonio. De esa unión nacieron tres hijos más, uno de los cuales también falleció en su infancia.
Suárez y su segundo esposo eventualmente se divorciaron. Soto dijo que nunca supo los motivos de la separación de sus abuelos, pero que tal vez se debió al carácter independiente de su abuela. Felipe Santiago Suárez tiene 94 años y aún vive en Venezuela.
En el rostro de la anciana, la huella de los años ha dejado un rastro, pero aún muestra que se mantiene activa.
A Suárez le gusta hablar y sobre todo declamar algunos de los poemas de su cosecha y otros que aprendió cuando era niña. Le encanta también hablar de su familia y de las anécdotas de su vida, que ha sido rica en experiencias.
Esta anciana ha conocido un mundo que ha ido cambiando a pasos agigantados, señala Suárez. Ha sido testigo de los cambios que el progreso ha traído a la humanidad, desde la electricidad hasta la televisión, la cual actualmente disfruta mirando telenovelas.
Suárez considera que las mujeres de ahora no tienen que pasar tanto trabajo para cocinar, porque pueden usar cocinas de gas o eléctricas. Pero ella se fue adaptando a la vida moderna y opina que el microondas es una de las mejores ayudas para el ama de casa a la hora de cocinar. A pesar de su edad, aún cocina algunos de sus platos favoritos, como el mondongo, el sancocho y la polenta criolla. También disfruta con las plantas que siembra en tiestos en el jardín.
Según Soto, la abuela ha sido un pilar importante en la crianza de sus nietos. Suárez siempre vivió con ellos y ayudó a su nuera cuando se casó a comenzar la vida de ama de casa y después con los niños, cuando fueron naciendo.

