Embarazo convoca mitos generacionales
Creencias no tienen una base científica


La Palma

Friday, March 21, 2008

En Latinoamérica, existen un sinfín de mitos y creencias sobre el embarazo, muchos de los cuales se cuentan y se practican hasta el día de hoy.

La gran mayoría de ellos son muy antiguos y han ido pasando de generación en generación, algunos durante miles de años, hasta llegar a los oídos de nuestros padres y abuelos. Otros han tomado la forma de tradiciones respetadas que las madres hispanas siguen durante su embarazo y luego transmiten a sus amigas y a sus propias hijas.

Entre los mitos, existe uno muy peculiar que dice que si la madre ve algo feo o incluso, horrible, durante su periodo de embarazo, el bebé será feo también.

Evidentemente, esto es absolutamente falso. Los científicos afirman que las características físicas del bebé son determinadas por la genética de ambos padres y no por una visión poco agradable. Además, todos los bebés son hermosos simplemente por ser bebés.

Otra creencia popular sobre el embarazo tiene que ver con los eclipses. Esta es una superstición muy antigua, heredada de los aztecas. Para ellos, un eclipse era un mordisco en el rostro de la diosa Coyolxauhqui, es decir, de la luna.

Ellos creían que si una mujer embarazada veía un eclipse, el bebe nacería con un defecto en su rostro similar al de la luna —lo que se conoce como labio leporino, un defecto congénito que consiste en una hendidura o separación en el labio superior.

La tradición aconseja que para evitar que esto ocurra, la madre debe llevar algún objeto de metal consigo. Hoy en día, muchas mamás mexicanas continúan la costumbre de colocar una llave, por ejemplo, en un imperdible o ganchillo de ropa, sujetándolo a su vestimenta, generalmente justo arriba de su abdomen, para proteger a su bebé.

Otro popular mito es el de la llamada "mancha del antojo". Este tiene que ver con uno de los síntomas más comunes entre las mujeres embarazadas —la de los famosos "antojos"— es decir, la repentina e imperiosa necesidad de comer algo en particular. Algunas futuras mamás hablan de antojos tan raros como el de desear un bizcocho de chocolate con coco en la madrugada, o el de querer una hamburguesa con queso acompañado por un helado de vainilla como desayuno.

La tradición indica que a la futura mamá no se le debe negar ningún antojo, por insólito que parezca, porque hacerlo provocará que el bebé nazca con una mancha en el rostro en forma del antojo que la madre no pudo cumplir. O sea que si en un momento dado, la mamá tenía antojo de comer unas fresas, por ejemplo, y no pudo satisfacer ese pequeño capricho, su bebé nacerá con una manchita en forma de fresa en su carita. Según esta superstición, si el esposo de la mujer embarazada no cumple el caprichito de su mujer, este sufrirá, repentinamente, de un orzuelo; un pequeño y molesto granito en el ojo como castigo. Nuevamente, esta creencia no tiene fundamento científico alguno.

Otra extraña creencia asegura que si una mujer embarazada padece de acidez en el estómago, su bebé nacerá con mucho cabello. Pero esto tampoco es cierto pues, de acuerdo a los médicos, el tener acidez es de por sí un síntoma común del embarazo y no tiene nada que ver con la cantidad de cabello con el que nazca el bebé.

Algunos de los mitos más simpáticos en relación al embarazo tienen que ver con ingeniosas maneras que la gente utiliza para averiguar el sexo del bebé que está por nacer.

Muchos aseguran que cuando una mujer se ve "desmejorada" durante su embarazo es porque está esperando una niña y que ésta "le esta robando la belleza". Por supuesto, esto no es cierto.

Antiguamente, en una región de Castilla—La Mancha en España, las mujeres intentaban averiguar el sexo de su bebé echando una paletilla de conejo al fuego y si ésta se abría, indicaría que sería una niña, y si no, un niño.

Otros llevan a cabo una práctica que proviene de los mayas, la cual indica que para determinar el sexo del bebé, uno debe tomar en cuenta la edad de la madre al concebir y el año en el que la mujer quedó embarazada. De acuerdo a esta creencia, si ambos números son impares, la mujer llevará una niña en su vientre. De lo contrario, si uno de los años es par y el otro impar, estará esperando un varón.

Por último, quizá la práctica más popular es la del hilo y el anillo. De acuerdo a esta costumbre, se debe atar un anillo a un hilo y sujetarlo, dejando que el anillo cuelgue encima del vientre de la futura madre. Si el anillo se mece de lado a lado, dicen, que estará esperando a una niña. Pero si el anillo comienza a girar en círculos, se trata de un niño.

Sí existen muchas extrañas y ocurrentes creencias sobre el embarazo. Sin duda, ninguna certera pero sí muy divertidas.

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