Blanco se dedica a las madres fallecidas
La Palma
Friday, May 09, 2008
Como es costumbre, muchas mamás recibirán flores este Día de las Madres.
Algunas recibirán rosas, otras crisantemos, azucenas o quizás orquídeas.
Sin embargo de todas, solamente hay una que se considera la flor ideal y oficial del Día de las Madres: el clavel.
La Dianthus caryophillus, como se le conoce científicamente, es una flor muy sencilla, pero muy hermosa a la vez. Sus pétalos son muy vistosos y coloridos, y su dulce aroma, inconfundible.
Al parecer, el origen de la costumbre de obsequiar flores a mamá en su día tiene que ver con Anna Jarvis, la fundadora de esta festividad de origen estadounidense.
En la primera celebración de este día festivo, Jarvis envió 500 claveles blancos a la Iglesia Andrews Methodist Episcopal en Grafton, Virginia Occidental. Su deseo era que las flores fuesen entregadas a todas las madres presentes y así fue.
Cada una de las mamás recibieron su clavel y de algún modo, se piensa, la tradición de incluir a esta flor en esta festividad comenzó a partir de ese momento.
Alguna vez le preguntaron a Jarvis por qué había escogido, de entre todas las flores, el clavel.
Al parecer, los claveles eran las flores preferidas de su mamá.
Sobre la razón por la cual eligió específicamente el clavel blanco, Jarvis dijo que lo prefería porque este "ejemplifica las virtudes de la maternidad; el blanco representa su pureza; su cualidad duradera, su lealtad; su fragancia, su amor incondicional ... y su forma, su belleza".
De alguna forma, los claveles se convirtieron en el símbolo del amor maternal por excelencia, y en la flor más adecuada para otorgarle a mamá en el Día de las Madres.
Hoy en día, muchos estadounidenses acostumbran regalar a mamá un corsage, es decir, un prendido floral con claveles.
Otros le regalan un ramo de esta bella flor. Mientras tanto, los pequeños, acostumbran alegrarle el día a mamá regalándole una sola de estas hermosas flores.
Por otro lado, el clavel sigue estando presente en las iglesias y templos cristianos en el Día de las Madres, como lo estuvo aquella primera vez en Virginia Occidental.
Como el Día de las Madres se celebra siempre en un domingo, el segundo domingo de mayo, las mamás que acuden a servicios religiosos cristianos, suelen recibir un clavel, ya sea rojo o blanco, al principio del servicio para distinguirlas.
En este caso, la costumbre tiene que ver con un importante momento en la vida de Jesucristo.
Resulta que una antigua leyenda cristiana cuenta sobre el origen del clavel y cómo este se relaciona a las madres.
De acuerdo a esta leyenda, fue cuando la primera lágrima de la Virgen María cayó al suelo al ver pasar a su hijo Jesús cuando llevaba cargando la Cruz en camino al Calvario, que el primer clavel en la tierra floreció.
Es debido a esta hermosa historia que muchos cristianos obsequian claveles a sus madres en esta fecha, como recordatorio también del profundo amor de madre que la Virgen María le tiene a Jesús y a todos los fieles.
No se sabe cómo, pero con el tiempo, para algunas personas, los claveles blancos se convirtieron en las flores ideales para ofrecer a las madres que desafortunadamente, ya han fallecido.
Por eso, muchos estadounidenses acostumbran llevar ramos de claveles blancos a la tumba de ese ser tan querido pero que ya no se encuentra a su lado precisamente en el Día de las Madres.
En este día tan especial, también es muy común otorgar a mamá claveles de color rosado y los claveles de color rojo.
Por cierto, los estadounidenses no son los únicos que acostumbran regalar claveles a sus mamás en este día.
La práctica también se observa en varios países de América Latina.
Al parecer, en Cuba, por ejemplo, el clavel tuvo un papel principal desde los inicios de esta celebración en aquella isla caribeña.
El 9 de mayo de 1920, fecha en la que muchos aseguran se celebró en Cuba por primera vez el Día de la Madre, cientos de personas se congregaron en el Teatro Popular de Santiago de las Vegas, una ciudad que pertenece al municipio de Boyeros y que está cerca a Ciudad de La Habana.
En aquella ocasión, todos los presentes llevaban consigo un clavel prendido a sus ropas.
Algunos llevaban un clavel rojo, el cual representaba su amor a su madre aún viva. Otros llevaban un clavel de color blanco, en honor a su madre ya fallecida.
