Las carretas y boyeos forman parte de una de las tradiciones más importantes de Costa Rica.
Esto podría parecer difícil de creer, después de todo, las carretas han sido utilizadas alrededor del mundo como medio de transporte durante siglos.
Pero no todas las carretas son iguales.
Las tradicionales carretas de Costa Rica, conocidas como boyeos, son una hermosa variante de la carreta común.
Similar a otros vehículos de tracción animal, el boyeo consta de uno o dos animales de tiro, y de lo que se identifica como "el carro" de la carreta.
El "carro" es simplemente una caja rectangular de madera con dos ruedas, también de madera.
Estas ruedas son discos sólidos, sin ningún tipo de orificio, a excepción del que se encuentre en su eje, el cual es imposible notar a primera vista, pues se encuentra cubierto por una especie de tapa.
A diferencia de otras carretas, las cuales emplean caballos, mulas o burros, los boyeos emplean únicamente bueyes.
Pero el boyeo es mucho más que una simple carreta. El boyeo es también, un testimonio andante de la cultura y creatividad del costarricense.
La principal diferencia entre el boyeo y cualquier otro tipo de carreta es su colorida apariencia.
La madera con la que está construido el boyeo, tanto la de la propia caja del carro, como la de las ruedas, es decorada con pintura en colores vibrantes; el azul del mar, el verde de los árboles, el amarillo del tucán, colores que se hallan fácilmente en la selva tropical costarricense.
El color se utiliza estratégicamente para crear diseños de ensueño, como flores, estrellas y pequeños paisajes.
La carreta llego a Costa Rica con la llegada de los españoles.
Fue en la época de la Colonia que su uso se difundió por todo el país.
Con el tiempo, la carreta española fue modificada para poder servir las necesidades del terreno.
Las ruedas en sí, abandonaron algunas cualidades de las originales ruedas estilo español, y adoptaron cualidades similares a las ruedas que habían sido utilizadas por los aztecas y los propios pueblos indígenas de Costa Rica.
Es por esto que al boyeo se le considera una tradición mestiza.
Sin embargo, los historiadores señalan que la época de oro de la carreta fue en el siglo XIX, cuando, debido al auge del cultivo del café, las carretas se convirtieron en el método predilecto para transportarlo entre las montañas del Valle Central y Guanacaste.
La tradición de pintar y decorar el boyeo, de acuerdo a la documentación histórica que existe, comenzó en el siglo XX.
Inicialmente, cada región del país presumía un estilo particular en sus carretas.
Era fácil identificar el origen de un boyero, es decir, el dueño y dirigente del boyeo, con simplemente observar los diseños que ostentaba su carreta.
Actualmente, estos diseños sobrepasan cualquier expectativa.
Desafortunadamente, la carreta típica costarricense ha sido reemplazada por otros tipos de vehículos de transporte como el automóvil y el tren.
Pero aún se ven pasar coloridos boyeos por las calles rurales de pequeños pueblos costarricenses, formando parte de desfiles regionales y celebraciones religiosas y eventos.
Es tal el valor cultural del boyeo, que en los años 80 fue declarado símbolo nacional costarricense.
Años después, el 25 de noviembre del 2005, el boyeo fue proclamado por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.