En el Cementerio de Colón de La Habana, una lápida en particular destaca mucho más que las demás.
Es una cripta singular, la cual se distingue por ser una explosión de color y fragante aroma en medio de un océano blanco de soledad y muerte.
Se trata de la tumba de Amelia Goyri de la Hoz, mejor conocida como "La Milagrosa", la cual se encuentra siempre rodeada de cientos de flores, evidencia del gran cariño que le tienen los habaneros a esta mujer.
La razón por la cual se le venera con tanta devoción tiene que ver con una conocida leyenda cubana.
Esta leyenda cuenta que Amelia era una dama de la alta sociedad cubana de tan sólo 23 años, quien murió, el 3 de mayo de 1903 al dar a luz a su único hijo.
La historia cuenta que su pequeño tampoco sobrevivió el parto, y por tanto, madre e hijo fueron sepultados juntos en la misma tumba.
Por cuestiones de espacio, al enterrarlos, colocaron a la criatura en la parte inferior del ataúd, encima de las piernas de su madre.
Cuentan que año tras año, el fiel esposo de Amelia, José Vicente Adot y Rabell, visitaba la tumba sin falta todos los días.
Sus familiares contaban que el pobre hombre nunca aceptó la muerte de su mujer, y que más bien, pensaba que sólo se encontraba dormida. Por esta razón, cada vez que acudía, daba tres toques al mausoleo, con los cuales decía "despertarla".
En 1941, después de la muerte del abnegado esposo y padre, la familia decidió exhumar los restos de Amelia y de su infante. Al hacerlo, encontraron a los cuerpos de ambos intactos.
Además, no los hallaron en la misma posición en la que los habían enterrado.
En vez de hallarse a sus pies, Amelia tenía al niño entre sus brazos.
Esta muestra de amor maternal se interpretó como un milagro.
La increíble historia de Amelia se divulgó rápidamente por La Habana, y a partir de entonces, los habaneros comenzaron a acudir a su tumba para pedirle por su intercesión, sobre todo en cuestiones de infertilidad.
En efecto, muchas mujeres acuden a ella para pedirle que puedan concebir un hijo, aunque también acuden a ella mujeres que ya son madres para pedirle por la protección de sus hijos o para que sus pequeños sanen de alguna enfermedad.
Con el tiempo, las peticiones dejaron de limitarse sólo a eso.
Hoy en día, las súplicas de sus fieles abarcan una gran variedad de dilemas. Muchos le piden por trabajo, amor, salud y muchos otros problemas cotidianos.
Sus muchos seguidores aseguran que Amelia realmente acude a los llamados de ellos y les concede todo aquello que le pidan.
De ahí que se le conozca a esta mujer como "La Milagrosa."
En 1914, la leyenda inspiró al escultor cubano José Vilalta Saavedra y realizó una figura de tamaño natural con mármol blanco de Carrara.
La escultura es la de una mujer joven, mirando hacia lo alto, y la cual, en su brazo izquierdo, lleva cargando a un niño pequeño, mientras que con su mano derecha, se sostiene a una cruz.
La tradición indica que para llamar la atención de Doña Amelia, es necesario golpear tres veces la aldaba del mausoleo como lo hacía el viudo cuando iba a visitarla.
Muchos creen que al hacer esto, ella despierta de su sueño para escuchar los ruegos de aquellos que necesitan de su ayuda.
A su alrededor, se encuentran un sinnúmero de placas grabadas y hojas de papel meticulosamente dobladas con mensajes escritos por todas aquellas personas que le agradecen por la curación de alguna enfermedad o cualquier otro favor concedido.
Además, se hallan una gran cantidad de objetos diversos, los cuales han sido regalos que le han traído sus fieles, también como señal de agradecimiento por su intervención y ayuda.
Un dato curioso es el que dice que al retirarse de la figura, los visitantes no deben nunca darle la espalda.
Por eso es común ver a muchas personas caminar hacia atrás al salir del camposanto.
Sus devotos han solicitado a la Iglesia Católica que se le canonice.
Sin embargo, hasta el momento, la Iglesia cubana no ha emitido ninguna opinión oficial sobre esta figura, simplemente observa callada y perpleja este fenómeno que parece no tener explicación.