La tragedia de los 21 caballos argentinos que murieron la semana pasada en Wellington resonó no sólo a nivel local, sino a nivel internacional.
Sin duda, fue una verdadera desgracia para el mundo del polo y del deporte en general, perder a tan nobles y maravillosos atletas.
Ahora, sólo quedan las imágenes de esos hermosos caballos, impetuosos y veloces, plasmadas en fotografías que lograron captar sus momentos de gloria —llevando a sus jinetes por los verdes campos de juego hacia la victoria.
Durante esta tragedia, me fue imposible dejar de pensar en la nobleza de estos animales, los cuales a través de la historia, se han convertido en fieles amigos y compañeros del hombre.
Han sido los caballos los que desde la antigüedad han acompañado al ser humano en un sinnúmero de circunstancias, algunas agradables y en muchas otras, adversas, además de ayudarle a realizar tareas y labores.
En un principio, el caballo fue una fuente de alimento. Durante la Edad de Piedra, el hombre lo cazaba con este fin.
Se estima que fue a partir los años 4000 a 3000 a.C. que el caballo fue utilizado en batalla. Tanto los faraones egipcios, como los griegos y mongoles lo utilizaron con este propósito.
En la Edad Media, los caballeros también se dejaron guiar por los caballos en sus batallas. Pero también les sirvieron de cómplices, pues cabalgaban en ellos hacia la ventana de sus damiselas para declararles su amor.
No podemos olvidar que el caballo también fue un gran aliado de los españoles en sus campañas de evangelización durante la Conquista en Latinoamérica.
A partir de su llegada al continente americano, el caballo ayudó a desempeñar muchas actividades, convirtiéndose sobre todo, en un aliado del hombre en su trabajo.
El caballo se convirtió en el medio de transporte por excelencia, llevando a su jinete, alimentos y otro tipo de carga a través del continente.
Además ha contribuido en el desarrollo cultural alrededor del mundo. Sin el caballo, los famosos cowboys estadounidenses nunca hubiesen existido. Tampoco los charros mexicanos podrían realizar sus "suertes" a caballo, faltando así una importante parte del folclore de ese país. También sin el caballo, el gaucho argentino no existiría como tal. Sin duda, no podría realizar todas las faenas cotidianas con la rapidez y eficacia que el caballo le provee.
Si nos ponemos a pensar, es posible que muchos eventos en la historia de la humanidad hubiesen sido diferentes sin el caballo: Napoleón Bonaparte jamás hubiese llegado a conquistar a casi toda Europa sin su caballo blanco.
De igual manera, hubiese sido imposible que Paul Revere, el orfebre estadounidense que sirvió de mensajero durante las batallas de Lexington y Concord del siglo XVIII, hubiese podido hacer los recorridos nocturnos que eventualmente ayudarían al éxito de la guerra de independencia de EE.UU.
El caballo desempeñó un papel crucial en las luchas por la independencia de los países latinoamericanos y en muchos otros conflictos. Encontró un lugar privilegiado dentro del deporte ecuestre.
Hoy en día, los caballos son nuestros compañeros en una infinidad de deportes que resultan ser una fuente de entretenimiento, incluyendo en el salto ecuestre, la cacería, las carreras de caballos, el rodeo y el polo.
Como si esto fuera poco, el caballo ayuda al hombre a sentirse mejor física y emocionalmente.
Tal es el caso de la equinoterapia, que pertenece a una variedad de terapias que sirven para ayudar a los niños y personas con discapacidades, incluso aquellas que padecen de parálisis cerebral. Entre ellas se encuentra la equinoterapia social, la cual permite a una persona con problemas de adaptación social a superarlos a través de la relación afectiva que se puede establecer con un caballo.
En este país, el caballo guarda un lugar especial. Tanto así, que se celebra el Día Nacional del Caballo cada 13 de diciembre.
El Congreso estableció que esta fecha serviría para animar al pueblo estadounidense a ser consciente de las contribuciones de los caballos a la economía, la historia y el carácter de los Estados Unidos.
Aunque estemos lejos de esa fecha, creo que es apropiado tomar esta oportunidad y rendir tributo a este dócil y noble animal que tanto ha aportado a la humanidad.
Al hablar específicamente de aquellos caballos que perdieron la vida, rendir tributo a su arduo trabajo y a su entrega al competir en un evento deportivo que servía para entretenernos, guardando al mismo tiempo, la esperanza de que una tragedia igual no vuelva a suceder.